sábado, 18 de junio de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
para mí
cada día estoy más loca
cada vez estoy más fuera de mí
no quiero buscarme
no quiero ser
quiero ser una piedra sin forma
un suspiro del ayer
un trozo de árbol partido que se clava en tu espinilla
un agujero en el cemento
un mar flotando en el aire
no quiero seguir siendo
lo que he sido hasta hoy
cada vez estoy más fuera de mí
no quiero buscarme
no quiero ser
quiero ser una piedra sin forma
un suspiro del ayer
un trozo de árbol partido que se clava en tu espinilla
un agujero en el cemento
un mar flotando en el aire
no quiero seguir siendo
lo que he sido hasta hoy
sábado, 14 de mayo de 2011
OTRA AUSENCIA EN LA MOCHILA
Ya te conocía tiempo atrás, cuando tu hijo se fue por la leucemia con 18 años, y antes aún.
Aún así nunca pensé que por tu sangre corriese el veneno de la escritura.
Y mucho menos que fueras poeta.
POETA, con mayúsculas.
Y te fuiste, con una sonrisa para mí,
y con la promesa de las letras impresa en mi alma.
Cuando llego con el coche se me aparece tu cara, y pienso: -Joder!! Tengo que hablar con él. Se me ha ocurrido una idea que puede ser buena-...
O quizá recuerde tu caminar renqueante después de la operación de tu rodilla, o tu sonrisa campechana, o ese imperecedero cigarrillo en tu mano derecha, como si fuese un apendice natural de ella.
Y todo para acordarme de repente, sí, como todo sucedió, repentinamente..., y con un vuelco en el corazón que no por repetido duele menos, irreflexivo y contudente, brutal como cuando fui conciente de la situación, de que ya no podré reirme contigo, ya no podremos volver a charlar o discutir, de que simplemente YA NO, NUNCA MÁS, NADA.
Y bajo mi cabeza y la enfrento al suelo y sigo mi camino, con una ausencia más, con un amigo menos.
Y te echo de menos y quisiera no escribir nunca más pues el hecho de hacerlo te trae a mi memoria, y un suspiro desordenado se escapa dejando al dolor volando por mi habitación.
Y recuerdo tus últimas palabras que fuera de contexto vienen que ni pintadas: "YA TE LLEGARÁ " con tu voz profunda y grave acusada por el abuso del tabaco...
Pues eso espero compañero: que me llegue.
Aún así nunca pensé que por tu sangre corriese el veneno de la escritura.
Y mucho menos que fueras poeta.
POETA, con mayúsculas.
Y te fuiste, con una sonrisa para mí,
y con la promesa de las letras impresa en mi alma.
Cuando llego con el coche se me aparece tu cara, y pienso: -Joder!! Tengo que hablar con él. Se me ha ocurrido una idea que puede ser buena-...
O quizá recuerde tu caminar renqueante después de la operación de tu rodilla, o tu sonrisa campechana, o ese imperecedero cigarrillo en tu mano derecha, como si fuese un apendice natural de ella.
Y todo para acordarme de repente, sí, como todo sucedió, repentinamente..., y con un vuelco en el corazón que no por repetido duele menos, irreflexivo y contudente, brutal como cuando fui conciente de la situación, de que ya no podré reirme contigo, ya no podremos volver a charlar o discutir, de que simplemente YA NO, NUNCA MÁS, NADA.
Y bajo mi cabeza y la enfrento al suelo y sigo mi camino, con una ausencia más, con un amigo menos.
Y te echo de menos y quisiera no escribir nunca más pues el hecho de hacerlo te trae a mi memoria, y un suspiro desordenado se escapa dejando al dolor volando por mi habitación.
Y recuerdo tus últimas palabras que fuera de contexto vienen que ni pintadas: "YA TE LLEGARÁ " con tu voz profunda y grave acusada por el abuso del tabaco...
Pues eso espero compañero: que me llegue.
martes, 8 de marzo de 2011
Mordiscos dolorosos
Se nota, se ha pegado toda la noche sin dormir, su cara trasnochada lo refleja. Su rostro es malhumorado, su mirada siniestra, pensativa, puede que hasta agresiva.
Va por la calle hablando sola, camino del garaje. En el trabajo apenas habla, y cada dos por tres suelta un suspiro huracanado.
Tiene el corazón acelerado y en el pecho siente las punzadas de la rabia, le han herido gratuitamente un par de... (no tienen o no encuentra el nombre apropiado para definirlos) sin razón alguna, o al menos así lo cree ella.
Ella una histérica, soberbia, de bajos instintos, llena de prejuicios y de complejos., una hiena con cara de cordero degollado, una manipuladora nata de la pena ajena, explotadora de los buenos sentimientos hasta los límites más insospechados. Ella que decía ser de la familia ha permitido, más que eso, ha lanzado a su perro para que la atacara y a cambio ha devuelto silencio.
Él, un cabrón y un piojoso, perro fiel de su ama, que muerde sin preguntar si hay alguna razón de peso para hacerlo. Otro histérico, mal educado, desconsiderado y exclavo de su señora. Qué lejos en que por el interés se mostraba cortés, simpático y buen orador, ahora es un deslenguado, rencoroso, arbitrario, a fin de cuentas otro animal soberbio.
Piensa que ambos deberían ir arrastrándose a las puertas de sendos conventos, pues son como los cristianos católicos y apostólicos, gente para nada indulgente si no todo lo contrario, torturadores, despreciables e intransignetes con la forma de pensar o actuar de los demás. Arrogantes, despiadados, engendros idónesos para la causa.
Sigue hablando sola y poniendose cada vez de peor humor. Se encuentra imposibilitada para explicar, o quizá ya no le interesa hacerlo, piensa que no valen su enojo ni su tiempo.
Él, que había recibido el pésame sincero y de corazón, ahora dice que no son formas de darlo, y en vez de agradecimiento y sin tener para nada en cuenta el prisma en que ella encaja la muerte, le ha demostrado odio desproprocionado y ha vuelto a morderla.
Sin embargo sigue decidida a no entrar al trapo ni a exigir una mínima disculpa, quién se encuentre capacitado para juzgarlo que lo haga.
Sí lo que pretendía era una plañidera que la hubiese pagado para que rasgase sus vestiduras he hiciese el paripé delante de todos, pero no, es mejor cocear al prójimo, al que se muestra tal y como es, sin ambajes...
No logra entender nada de lo que ha pasado. Se siente dolida e incomprendida, pero ya ha tomado la decisión. Hoy además de ser un mal día es un día de despedidas.
Dos huecos nuevos, afortunadamente pequeños dentro de su vida vuelven a quedar vacios y libres. Está tan acostumbrada a ver y sentir esos huecos, unos más grandes, otros más pequeños y otros como en este caso ínfimos que ya no le duelen. Un par de ausencias más a sumar en una larga vida de ellas, pero el mordisco sigue doliendo.
Va por la calle hablando sola, camino del garaje. En el trabajo apenas habla, y cada dos por tres suelta un suspiro huracanado.
Tiene el corazón acelerado y en el pecho siente las punzadas de la rabia, le han herido gratuitamente un par de... (no tienen o no encuentra el nombre apropiado para definirlos) sin razón alguna, o al menos así lo cree ella.
Ella una histérica, soberbia, de bajos instintos, llena de prejuicios y de complejos., una hiena con cara de cordero degollado, una manipuladora nata de la pena ajena, explotadora de los buenos sentimientos hasta los límites más insospechados. Ella que decía ser de la familia ha permitido, más que eso, ha lanzado a su perro para que la atacara y a cambio ha devuelto silencio.
Él, un cabrón y un piojoso, perro fiel de su ama, que muerde sin preguntar si hay alguna razón de peso para hacerlo. Otro histérico, mal educado, desconsiderado y exclavo de su señora. Qué lejos en que por el interés se mostraba cortés, simpático y buen orador, ahora es un deslenguado, rencoroso, arbitrario, a fin de cuentas otro animal soberbio.
Piensa que ambos deberían ir arrastrándose a las puertas de sendos conventos, pues son como los cristianos católicos y apostólicos, gente para nada indulgente si no todo lo contrario, torturadores, despreciables e intransignetes con la forma de pensar o actuar de los demás. Arrogantes, despiadados, engendros idónesos para la causa.
Sigue hablando sola y poniendose cada vez de peor humor. Se encuentra imposibilitada para explicar, o quizá ya no le interesa hacerlo, piensa que no valen su enojo ni su tiempo.
Él, que había recibido el pésame sincero y de corazón, ahora dice que no son formas de darlo, y en vez de agradecimiento y sin tener para nada en cuenta el prisma en que ella encaja la muerte, le ha demostrado odio desproprocionado y ha vuelto a morderla.
Sin embargo sigue decidida a no entrar al trapo ni a exigir una mínima disculpa, quién se encuentre capacitado para juzgarlo que lo haga.
Sí lo que pretendía era una plañidera que la hubiese pagado para que rasgase sus vestiduras he hiciese el paripé delante de todos, pero no, es mejor cocear al prójimo, al que se muestra tal y como es, sin ambajes...
No logra entender nada de lo que ha pasado. Se siente dolida e incomprendida, pero ya ha tomado la decisión. Hoy además de ser un mal día es un día de despedidas.
Dos huecos nuevos, afortunadamente pequeños dentro de su vida vuelven a quedar vacios y libres. Está tan acostumbrada a ver y sentir esos huecos, unos más grandes, otros más pequeños y otros como en este caso ínfimos que ya no le duelen. Un par de ausencias más a sumar en una larga vida de ellas, pero el mordisco sigue doliendo.
miércoles, 2 de marzo de 2011
REFLEXIÓN
Si me costase tanto morir como vivo
creo que preferiría no haber nacido´.
Sí ya sé que rimar con verbo está prohibido
que la rima maldita me acude al camino.
Da igual lo que haga, lo que diga o lo que sienta,
es infiferente, sólo sé de este dolor que me aplasta,
sigo comi historia de la rima verbal , estoy como la rima: muerta
pero qué más da cuando se ha acabado la vida.
creo que preferiría no haber nacido´.
Sí ya sé que rimar con verbo está prohibido
que la rima maldita me acude al camino.
Da igual lo que haga, lo que diga o lo que sienta,
es infiferente, sólo sé de este dolor que me aplasta,
sigo comi historia de la rima verbal , estoy como la rima: muerta
pero qué más da cuando se ha acabado la vida.
martes, 5 de octubre de 2010
PESCADOR
Sobrio en su pensar, atenazadas las manos de grietas curtidas por el sol prosigue minuto a minuto en su labor.
Coser redes
Día tras día llegan más y más que ponen a secar esperando sus zurcidos de experto marinero de tierra firme.
Convencido de su inutilidad rememora sus años de juventud y otros no tan lejanos en los que se encontraba en activo, batallando con las olas al navegar, con las gaviotas que intentaban y aún hoy día lo intentan, seleccionar las piezas capturadas. Luchando contra el tiempo en busca del mejor caladero y ahora sentado en su taburete de madera, bajo el espigón de cemento, pasa sus últimas horas contando películas que sólo existen en su cabeza... Apenas queda nadie que pueda corroborarlas, si no es alguna de las mujeres de sus compañeros, pero “qué sabrán ellas lo que es la vida en el mar” se dice y se repite para si mismo.
Quién le diría a él que a sus casi 90 años seguiría plantado frente al mar , cuando tan apenas teniendo 20 una fuerte tormenta atlántica lo dejó postrado en una cama, más muerto que vivo, con una neumonía de ballena...; “sí, esa sí que estuvo a punto de llevárseme por delante”
Al hilo de ese recuerdo vino el de su madre chillándole –“no vuelvas a la mar, hijo mío, hazlo por tu madre, mira que me dejas sola en el mundo” y él respondiéndole desde un corazón roto diciéndole –“ Apártese madre, no ve que esa es mi vida”... Nunca se volvió a mirarla, intuía las lágrimas rodando por el rostro ajado de sufrimientos pasados. Sabía que jamás hubiese podido enfrentarse y menos entonces, con su padre muerto en un naufragio en las costas de Cabo Verde hacía poco menos de dos años, a ese dolor. La solución siempre era la misma, salir de estampida, sin darse tiempo a la reflexión.
Siguió recordando hilvanando recuerdos tristes y alegres. Otras muchas veces el mar le perdonó la vida por eso él seguía allí, a sus años, tejiendo y remendando redes, para saldar una deuda perpetua.
Algunos días sus pensamientos le llevaban lejos en los años y en la distancia; lo mismo se encontraba en las costas de África, o en los caladeros ya esquilmados de los Mares del Norte, incluso conseguía oír el chillido agudo de las rapaces marítimas acechando sus presas fuera de combate, o bien se extasiaba contemplando la danza de apareamiento entre los delfines en alta mar mientras nadaban veloces bajo la quilla...
Ahora, prácticamente ciego y sordo apenas distinguía el horizonte, y por el tacto guiaba las agujas por los rotos de tal forma que quedaban perfectas, mejor que cuando era un chaval y el Cándido le enseñaba a tejerlas.
El sol, su reflejo, le hacía llorar y cuando los jóvenes arribaban a puerto le decían: -“Abuelo, ¡pero, otra vez llorando!-, sin esperar respuesta.
Una respuesta que a veces nunca llegaba por falta de oído, otras farfullaba para sus adentros juramentos que a más de una beata dejaría desparramada en el suelo o santiguándose hasta conseguir agujetas. Sólo de imaginárselo reía, desdentado como estaba, y alzando su mirada allá, arriba, a lo lejos, a lo más alto le decía a Dios como si de un compañero de fatigas se tratara: -¡Ah, viejo truhán! Las tienes a todas a tus pies, encandiladas, no sé que les darás. Mejor no me lo digas, estoy seguro que no es mi estilo”-.
No tuvo familia, bueno sí la tuvo, pero prefería no acordarse, pero hoy parecía que todod venía rodado, de unas cosas a otras sin venir a cuento; su mujer perdió la vida siendo muy joven, no llegaban al año de casados, tenía 21 años recién cumplidos, estaba encinta de un bebé de tres meses y medio cuando una fiebres muy malas se la llevaron , a ella y al bebé, mientras él se encontraba a miles de kilómetros de su casa desconocedor de todo.
Cuando volvió, a los muchos meses, en la casa sólo encontró una esquela, y fue a verlos por última vez al cementerio de lo alto, en el Collado de las Colinas, y allí se despidió para volver a su vida... Ya nunca más quiso volver a saber nada de mujeres ni de montes.
Esos pensamientos turbaron su quehacer diario... La puntada erró en la dirección agujereando su pantalón. Soltó todos los aperos, dejó con mimo la red extendida en el suelo y se alejó fatigosamente del puerto.
-¿Dónde vas, Francisco? –le preguntó Damián, otro jubilado del mar.
-A casa, éste que ves ya no sirve ni para coser.
-No digas tontadas hombre... Vamos que te invito a un par de copas de aguardiente, y me cuentas...
-¡Que no! Voime a casa, que me esperan.
-Pero qué dices, si en la tuya casa no hay nadie esperándote. Siempre estuviste sólo, venga hombre ven conmigo a la tasca.
-¡Ya! –dijo a sabiendas de que Damián nunca lo entendería.
Dos días después tañían las campanas a difuntos.
viernes, 1 de octubre de 2010
MI PAPÁ
¿Qué cómo es mi padre? Pues, no sé...
Mi papá es un hombre muy fuerte, muy alto y no excesivamente guapo, a lo mejor es por que siempre le veo la cara desde muy abajo. A veces parece que me va a comer con esos ojos verdes.
A mí me gusta más mirar a Rubén, él si que es guapo y tiene los ojos marrones como cuando juntas los dos colores de la nocilla... Lo que pasa es que se ríe de mí y me dice que soy muy ñoña, pero eso es por que no me conoce.
Pero mi papá, a lo mejor es normal, y todos los papás hacen lo mismo, pero a mí me hace reír mucho... a veces lo veo triste y me dan ganas de llorar, pero me hace reír mucho.
Se levanta por las mañanas cantando o silbando, sale corriendo hacia el baño, diciendo: Pónganse todos a cubierto que me llevo todo por delante, eso es que se está haciendo pipí, otras cuando es otra cosa chilla por toda la casa: ¡peligro, alerta máxima pónganse las cámaras de gas, inminente radiación tóxica! Yo lo entiendo por que se pone una mano en la nariz apretándola fuertemente y otra en el culo, es muy divertido.
Y cuando se afeita, todas las mañanas después de lavarse y hacer pipí (que por cierto es muy largo) lo hace, Se pone una espuma blanca por la cara y con una cosa de afeitarse se la quita. Cuando le pregunto por qué lo hace me dice que para tener la barbilla tan suave como el culito de un bebé, pero no lo debe hacer muy bien por que cuando se acerca a darme un beso para que lo compruebe me rasca la cara. Una vez le dije que se pusiese tiritas de esas que salen en la tele que dicen que es para quitarse puntos negros de la nariz se echó a reír a carcajadas, es muy tonto, por que en la tele da resultado, seguro que si lo prueba le va mejor, pero claro cada día necesitaría una caja entera por que tiene una cara muy grande.
Es muy coqueto pero no lo reconoce, como dice mamá ¡estos hombres...!.
Mi papá dice que él es ya mayor, pero no entiendo muy bien lo que significa hacerse mayor, por que mi mamá todos los días sigue poniéndole la ropa encima de la cama para que se cambie, y siempre va detrás de él diciéndole lo que ha de hacer. Si hasta yo lo hago mejor que él y me cambio de ropa sola. Él a veces también lo hace pero es un desastre combinando los colores, igual se pone un pantalón verde con una camisa rosa que el pantalón de vestir con camisetas de dibujos, ¡es un desastre como mayor! O a lo mejor es que hacerse mayor es sólo crecer mucho, no sé.
A mi mamá la hace rabiar continuamente, pero siempre le ayuda a anudarse la corbata. Y entonces es cuando mi padre aprovecha para darle un beso en la punta de la nariz y hacerla sonreír.
Por las mañanas desayunamos juntos, y siempre me gasta bromas. Un día me manchó la punta de la nariz con cola-cao y me retó para que me limpiase la nariz sin las manos y sin servilleta, y no se me ocurría nada y entonces él sacó su lengua y la alargó hasta llegar con ella a la punta de su nariz ¡ En mi vida he visto una lengua tan larga! Yo lo intenté con la mía pero no hubo manera a lo más que alcancé fue a la mitad del bigotito que me deja el cerco de la leche. Y él se reía mucho.
Otra cosa que no entiendo es como puede tomar café, yo un día lo probé y es muy amargo, y negro, yo no quiero hacerme mayor y tener que beber esas cosas con lo buenos que están los batidos y ellos toman cervezas y cosas que huelen como a alcohol de curar, ¡Qué asco!
Los mayores además de crecer se vuelven raros o es que se toman esas cosas por que han de parecer más serios, no sé un día de estos cuando me cuente el cuento por la noche se lo preguntaré.
Pero no le diré que un día lo probé, el café digo, y casi vomito.
Por las mañanas me trae al colegio en coche, todos los días y me deja en la puerta del cole, siempre me da un beso y me dice cosas tontas como : princesa de las hadas guapas, o reina de su corazón, tonterías de padre me dice él cuando le riño, por decir bobadas y me regala una sonrisa. Pero aunque yo también sonrío sé que es mentira por que los niños de la clase dicen que soy pequeña, pecosa y parlanchina, o sea, fea y pesada... ¡JO!
Mi papá no viene a comer, come en el trabajo y yo en el cole, mi mamá también trabaja, pero por la noche cuando llega de trabajar, muchas horas después de llegar yo a casa, llega completamente agotado, tira el maletín en el recibidor y se desmaya sobre el sofá, mi mamá le pone una cerveza con algo de picar, yo me pongo un zumo y me como la mayor parte de las patatas o cacahuetes, están buenísimos y a él le gusta que se siente a su lado y me acurruque a su lado.
Después de cenar parece revivir otra vez y sigue gastando bromas y siempre dice que es el hombre más feliz del mundo por tener a su lado las estrellas más bonitas del universo a su lado, y nos da un abrazo de oso que nos deja casi sin respiración.
Pero aunque sea un poco tonto y lunático como dice mi mamá a mí me gusta que me de muchos besos y achuchones y que me cuente cuentos para dormir de dragonees y princesas, monstruos y hadas que se hacen amigos y se quieren mucho y son amigos para siempre como mi papá y yo.
¿Y el tuyo cómo es?
Se me quedó mirando, se rió de mí, después me pegó y se fue corriendo...
Mi papá es un hombre muy fuerte, muy alto y no excesivamente guapo, a lo mejor es por que siempre le veo la cara desde muy abajo. A veces parece que me va a comer con esos ojos verdes.
A mí me gusta más mirar a Rubén, él si que es guapo y tiene los ojos marrones como cuando juntas los dos colores de la nocilla... Lo que pasa es que se ríe de mí y me dice que soy muy ñoña, pero eso es por que no me conoce.
Pero mi papá, a lo mejor es normal, y todos los papás hacen lo mismo, pero a mí me hace reír mucho... a veces lo veo triste y me dan ganas de llorar, pero me hace reír mucho.
Se levanta por las mañanas cantando o silbando, sale corriendo hacia el baño, diciendo: Pónganse todos a cubierto que me llevo todo por delante, eso es que se está haciendo pipí, otras cuando es otra cosa chilla por toda la casa: ¡peligro, alerta máxima pónganse las cámaras de gas, inminente radiación tóxica! Yo lo entiendo por que se pone una mano en la nariz apretándola fuertemente y otra en el culo, es muy divertido.
Y cuando se afeita, todas las mañanas después de lavarse y hacer pipí (que por cierto es muy largo) lo hace, Se pone una espuma blanca por la cara y con una cosa de afeitarse se la quita. Cuando le pregunto por qué lo hace me dice que para tener la barbilla tan suave como el culito de un bebé, pero no lo debe hacer muy bien por que cuando se acerca a darme un beso para que lo compruebe me rasca la cara. Una vez le dije que se pusiese tiritas de esas que salen en la tele que dicen que es para quitarse puntos negros de la nariz se echó a reír a carcajadas, es muy tonto, por que en la tele da resultado, seguro que si lo prueba le va mejor, pero claro cada día necesitaría una caja entera por que tiene una cara muy grande.
Es muy coqueto pero no lo reconoce, como dice mamá ¡estos hombres...!.
Mi papá dice que él es ya mayor, pero no entiendo muy bien lo que significa hacerse mayor, por que mi mamá todos los días sigue poniéndole la ropa encima de la cama para que se cambie, y siempre va detrás de él diciéndole lo que ha de hacer. Si hasta yo lo hago mejor que él y me cambio de ropa sola. Él a veces también lo hace pero es un desastre combinando los colores, igual se pone un pantalón verde con una camisa rosa que el pantalón de vestir con camisetas de dibujos, ¡es un desastre como mayor! O a lo mejor es que hacerse mayor es sólo crecer mucho, no sé.
A mi mamá la hace rabiar continuamente, pero siempre le ayuda a anudarse la corbata. Y entonces es cuando mi padre aprovecha para darle un beso en la punta de la nariz y hacerla sonreír.
Por las mañanas desayunamos juntos, y siempre me gasta bromas. Un día me manchó la punta de la nariz con cola-cao y me retó para que me limpiase la nariz sin las manos y sin servilleta, y no se me ocurría nada y entonces él sacó su lengua y la alargó hasta llegar con ella a la punta de su nariz ¡ En mi vida he visto una lengua tan larga! Yo lo intenté con la mía pero no hubo manera a lo más que alcancé fue a la mitad del bigotito que me deja el cerco de la leche. Y él se reía mucho.
Otra cosa que no entiendo es como puede tomar café, yo un día lo probé y es muy amargo, y negro, yo no quiero hacerme mayor y tener que beber esas cosas con lo buenos que están los batidos y ellos toman cervezas y cosas que huelen como a alcohol de curar, ¡Qué asco!
Los mayores además de crecer se vuelven raros o es que se toman esas cosas por que han de parecer más serios, no sé un día de estos cuando me cuente el cuento por la noche se lo preguntaré.
Pero no le diré que un día lo probé, el café digo, y casi vomito.
Por las mañanas me trae al colegio en coche, todos los días y me deja en la puerta del cole, siempre me da un beso y me dice cosas tontas como : princesa de las hadas guapas, o reina de su corazón, tonterías de padre me dice él cuando le riño, por decir bobadas y me regala una sonrisa. Pero aunque yo también sonrío sé que es mentira por que los niños de la clase dicen que soy pequeña, pecosa y parlanchina, o sea, fea y pesada... ¡JO!
Mi papá no viene a comer, come en el trabajo y yo en el cole, mi mamá también trabaja, pero por la noche cuando llega de trabajar, muchas horas después de llegar yo a casa, llega completamente agotado, tira el maletín en el recibidor y se desmaya sobre el sofá, mi mamá le pone una cerveza con algo de picar, yo me pongo un zumo y me como la mayor parte de las patatas o cacahuetes, están buenísimos y a él le gusta que se siente a su lado y me acurruque a su lado.
Después de cenar parece revivir otra vez y sigue gastando bromas y siempre dice que es el hombre más feliz del mundo por tener a su lado las estrellas más bonitas del universo a su lado, y nos da un abrazo de oso que nos deja casi sin respiración.
Pero aunque sea un poco tonto y lunático como dice mi mamá a mí me gusta que me de muchos besos y achuchones y que me cuente cuentos para dormir de dragonees y princesas, monstruos y hadas que se hacen amigos y se quieren mucho y son amigos para siempre como mi papá y yo.
¿Y el tuyo cómo es?
Se me quedó mirando, se rió de mí, después me pegó y se fue corriendo...
miércoles, 29 de septiembre de 2010
29 de septiembre de 2010
No me gusta este día, hoy se supone que los trabajadores debíamos acudir a la huelga, para defender unos derechos ya pisoteados.
Es..., bueno a mí se me ocurre una imagen, no sé si viene al pelo o es calva, pero es como cuando pisoteas la yerba y te sale un saltamontes cojo riéndose de ti, diciendo me has aplastado la casa, pero sigo vivo, fíjate la suerte del saltamontes. Todo el monte es su casa, en cualquier parte puede vivir, pero nosotros, nos arrastramos y nos dejamos el pellejo por conseguir unos cuantos metros cuadrados urbanizables, nos empeñamos hasta los ojos, para nada, por un trozo de hormigón, por una cárcel con ventanas al exterior. Un exterior tan frío y gris como nuestra existencia.
Un día para protestar por no tener nada, y lo que nos prestan, acaban vendiéndonoslo. Al final sólo somos deudas. Reivindicar derechos adquiridos a base de sudor y sangre resulta que cuesta dinero, es más fácil morirse que perder dinero, por que esos 80 € aproximados que vamos a perder, nos van a hacer falta para comer, por que necesitamos por poco 800 € para pagar.
Al final la huelga vuelve a ser un motivo más de desesperanza, un motivo más para sentirnos esclavos de los vividores de la chaqueta de pana, de la gorra de fieltro, del qué pasa compañero, sí de aquel que es compañero liberado y que se pasa los días almorzando, después tomando el vermú, para echarse una buena siesta, y qué pasa, es fácil, ha estado tan ocupado haciendo de parásito que se le ha pasado el arroz y cuando se ha querido dar cuenta la bola le ha entrado hasta la garganta, y es que el culo ya no significa para él obstáculo alguno.
Un día en el que me siento mal por que estoy trabajando por que a pesar de que todo lo anterior no sólo es cierto si no que me asquea, me siento una traidora hacia mis compañeros que están en el paro, hacia aquellos que ya ni cobran del paro, de los que se encuentran en el norte (Asturias), en el sur (Sevilla y Cádiz) luchando por su jornal, por su casa y su familia y yo lo veo tranquilamente sentada en la silla de mi casa, y con parsimonia me levanto para ir a trabajar.
Y es que haga lo que haga hoy estaré mal. no quiero dar ni un duro más por los sindicatos, parásitos concebidos para desde tu propio estómago autofagocitarte, sin inmutarse, sin despeinarse, tampoco quiero faltar a mi gente, a los que trabajan a los que quieren hacerlo y no pueden, y claro dentro de lo peor, trabajar es lo mejor, por que así les digo a los sindicatos que son el cáncer del trabajador, le digo al empresario que ya no hay nada que hacer, y al político de turno..., a ese, ya no le digo nada.
Me jode tener que ser una atea por imperativo legal, por que no me dejan otra opción, me jode reconocer que no hay libertad, ni para trabajar ni para hacer huelga, me jode que el venir o el dejar de venir sólo sea una cifra más a barajar en los cómputos totales de una prensa tocapelotas, que lejos de hacer huelga, se nutre y se emplea más a fondo, para mí que han contratado personal extra para cubrir el evento más absurdo del recién nacido siglo XXI...
Y es que ya lo he dicho es un día que no me gusta por que todo es demasiado ambiguo y no me siento bien conmigo misma, ni por lo ue hago ni por lo que dejo de hacer, sólo espero que pase este día cuanto antes.
jueves, 12 de agosto de 2010
Carlos
Otra vez ha vuelto tu recuerdo hasta mí, tu iris gatuno, tu sonrisa amplia y franca, tu mano junto a la mía, y he vuelto a sentir una necesisdad imperiosa de tenerte junto a mí, de mirarme en tus ojos y descubrirme por dendtro, y...
¿Cuántos años ya?... ¿8? ¿10? no sé, pero muchos...
Vuelvo a Alicante después de todo este tiempo y tengo tantas ganas como miedo de verte, ¿te llamaré?... No sé, no sé nada de lo que haré, pero sé que te echaré de menos, si voy y no te llamo, si estoy allí y no te comparto con el mar.
Sí, sé que las cosas han cambiado, que nosotros hemos cambiado, que todo se ha dado la vuelta, pero... ¿qué más nos da? Siempre fuiste especial, siempre lo serás por que nuestra relación va más allá de lo estrictamente normal, de lo comúnmente aceptado, y sabes como yo, por que te siento siempre, que nuestro destino está enlazado desde un tiempo que se pierde en la memoria de los hombres.
Sé que tu mujer me teme, y no está agusto cerca de mí, o por mejor decirlo no está segura si estamos cerca el uno del otro, tampoco me apetece verte a escondidas, por que ninguno de los dos persigue fines destructivos ni para nosotros ni para nuestras familias, pero aún así se hace incomodo.
Hay cosas que sólo podemos compartir entre nosotros, ni siquiera nuestras respectivas parejas nos entienden, hay miles de razones por las que nos hemos de ver, y hay otras pocas de razones que nos lo impiden, pero aún así contactaré en mis sueños contigo... Hace tanto que no lo intento que no sé si sabré hacerlo, ni sé si podré localizarte, pero lo intentaré para estar segura de llamarte o dejar que siga fluyendo la vida y esperar...
Carlos... te quiero tanto...
Besossssss
miércoles, 11 de agosto de 2010
Tiempo de espera
Cada espacio tiene su particular cuerpo o materia que lo llene, aún siendo aire, aún estando vacío, es indiferente, siempre y cuando no se trate de mi blog.
Particular es su estructura asimétrica, desproporcionada y tendente al infinito siendo un cero patatero.
Una curva ascendente si se mira al revés, que viene del cosmos y tiende al punto en que el papel en blanco se niega a oscurecer.
Mi cabeza podría poner algo de su parte, pero se niega, se niega a escribir granos de arena en un desierto aguado.
Hay momentos en los que la lejanía hace más provecho que el estar al pie del cañón, estar por estar no sirve para nada, contar gilipolleces no enriquece a nadie y es más; creo que empobrece sobremanera al autor de tan innobles letras.
Por lo tanto sigo sin tener nada que decir por que es difícil no caer en mi propia queja, ya soy bastante estúpida sin ayuda, como para empujarme a mí misma.
Cuando empecé a escribir, ya casi no me acuerdo de cuando fue eso, tenía muchos problemas que a través de historias se iban disipando, incluso hubo alguna vez en que encontraban otros horizontes o simplemente dejaban de ser una causa por la que preocuparse. Entonces pensaba que el escritor que yo llevaba dentro era más poderoso que yo, y que la forma que tenía en contar o narrar historias era la forma de expresar todo aquello que me retenía en el mundo real.
Ahora es todo lo contrario, yo, mi vida real menosprecia al escritor que un día vio la luz, digamos que por puro accidente, y las historias que pueblan mi cabeza me entretienen y me alejan de lograr mi destino
Pero ¿cuál es ese puto destino?
Ya no disfruto escribiendo, me cuesta hasta leer, y lo peor de todo es que sólo me apetece perderme, que nadie me encuentre, desfigurarme hasta no poder reconocerme ni yo misma. Pero… ¿cómo coño se hace eso?
Mi espacio no tiene materia que la llene, mi cerebro está lleno de las cosas que deberían llenar ese espacio, existe una total controversia entre lo que necesito quiero tengo y hago.
Tendré que esperar, pero no importa si al final cada espacio recupera su materia, o su vacío.
Dime...
Dime que es lo que piensas cuando te asomas a las estrellas en una noche cerrada, no me digas cuatro bobadas que no espero de ti, dime que es lo que sientes cuando admiras una inmensidad desconocida, que te atrae tanto como a mí.
Dime que sensaciones se despiertan en tus neuronas, recorriendo los nanomilimetros de tu piel, cuáles son las conexiones entre tus terminaciones nerviosas, y como afectan a tu cerebro.
Tú, que te muestras desde el lado obtuso de la mirada del espejo, tú que hablas con normalidad, te expresas con fluidez y que escribes con las tripas y no desde las tripas, ¿qué piensas, cuando después de enamorarte de miles de reflejos gigantes en la inmensidad pequeños, tornas tu mirada hacia mis ojos? ... ¿te sientes pequeño? ¿o me ves la micronésima parte de tu ego?
No me pintes cuadros surrealistas, háblame desde la pulsión del dolor de cada una de las fibras de tu corazón, desde ese escozor que sólo el fin lo calma, háblame y dime qué colores se dibujan en tu alma cenicienta, envuelta en pasado pesado, en llamas ignífugas, en palabras no inventadas, encuentra ese punto infinito entre tu mente y la mía, y descúbreme el mundo, tu mundo, ese lugar inaccesible, a través de la mirada de tus ojos.
No divagues, no me enseñes cuan locuaz y loco puedes mostrarte antes de sacarte al filo de la navaja que cortará tus velos para siempre. No me enredes entre telas descosidas y deshilachadas , esas que forman el intrincado de tus cuerdas vocales anuladas, vueltas al silencio, y adoradoras de la oscuridad, háblame desde tus manos en las mías, desde tus ojos ciegos al mundo, háblame desde olor nauseabundo que despide tu aliento sediento de más fantasías que encubran tu verdad, suéltalo todo, hasta que no te quede más que lo limpio, aunque tenga que esperar varias generaciones para ello, no tengas miedo, tengo tanta paciencia como tú imaginación...
No te finjas loco, no tiene sentido, sé de tu cordura por la insistencia en parecer demente, dime por fin, ¿qué sientes que somos tú y yo en este lugar en medio de una nada cósmica?
Dime que sensaciones se despiertan en tus neuronas, recorriendo los nanomilimetros de tu piel, cuáles son las conexiones entre tus terminaciones nerviosas, y como afectan a tu cerebro.
Tú, que te muestras desde el lado obtuso de la mirada del espejo, tú que hablas con normalidad, te expresas con fluidez y que escribes con las tripas y no desde las tripas, ¿qué piensas, cuando después de enamorarte de miles de reflejos gigantes en la inmensidad pequeños, tornas tu mirada hacia mis ojos? ... ¿te sientes pequeño? ¿o me ves la micronésima parte de tu ego?
No me pintes cuadros surrealistas, háblame desde la pulsión del dolor de cada una de las fibras de tu corazón, desde ese escozor que sólo el fin lo calma, háblame y dime qué colores se dibujan en tu alma cenicienta, envuelta en pasado pesado, en llamas ignífugas, en palabras no inventadas, encuentra ese punto infinito entre tu mente y la mía, y descúbreme el mundo, tu mundo, ese lugar inaccesible, a través de la mirada de tus ojos.
No divagues, no me enseñes cuan locuaz y loco puedes mostrarte antes de sacarte al filo de la navaja que cortará tus velos para siempre. No me enredes entre telas descosidas y deshilachadas , esas que forman el intrincado de tus cuerdas vocales anuladas, vueltas al silencio, y adoradoras de la oscuridad, háblame desde tus manos en las mías, desde tus ojos ciegos al mundo, háblame desde olor nauseabundo que despide tu aliento sediento de más fantasías que encubran tu verdad, suéltalo todo, hasta que no te quede más que lo limpio, aunque tenga que esperar varias generaciones para ello, no tengas miedo, tengo tanta paciencia como tú imaginación...
No te finjas loco, no tiene sentido, sé de tu cordura por la insistencia en parecer demente, dime por fin, ¿qué sientes que somos tú y yo en este lugar en medio de una nada cósmica?
Despedida de lda en junio de 2010
Bueno a muchos de vosotros ya os he dicho adiós, en realidad sólo a aquellos que de verdad me importáis, los demás como si arden en la hoguera, jejeje.
La vida no deja de ser una ironía tremenda, y la ironía consiste en que debo de abandonar todo aquello que me gusta para hacer lo que no me apetece.
Todos conocéis mi natural rebeldía ante determinadas situaciones, pero cuando la afectada no soy yo, ando con pies de plomo, en este caso, la rebeldía me la meto en el culo y camino hacia delante y escocida
Este post está hecho para mis más fieles amigos: todos aquellos que se alegran de mi marcha, todos aquellos que saltarán una vez más diciendo aquello de " pero, ¿otra vez Marinera?", o , ¿Qué pasa, marinera que no tienes suficiente audiencia y necesitas llamar la atención?, o por qué no decirlo, a aquellos que se frotan las manos diciendo "por fin se va la mala zorra esa", claro que ellos son muy educados, y no dicen esas cosas.
Bueno, a lo que iba, ya veis que todos sois grandes amigos y todos estáis contemplados en mi despedida, espero que sigáis escribiendo los que escribís y que los otros, los mal llamados trolls esos que sigan calentando el ambiente, por que según parece este verano va a faltar calorcito, y vosotros sabéis darlo del bueno, jejeje, siempre me he reído mucho con vosotros y de vosotros y en mi despedida no podía dejar de nombraros.
Así que zagales y zagalas, hasta aquí esta última etapa en lda, ya veremos si reemprendo otra nueva o lo dejo así, jejeje, ya sabéis los que me conocéis que voy a contracorriente... Es curioso, hace poco me encontré con una amiga que me dijo: "tu hija es como tú, rebelde y antisocial, menos mal que tú ya has aprendido a darle la vuelta a las cosas, por que eso quema mucha energía" Vamos que me dejó por los suelos, y eso es que o me he hecho vieja de repente o me he amariconado, y sinceramente ninguna de las dos opciones me hacen ninguna gracia. Pero mira por lo menos me queda la esperanza de que mi semilla sea tocacojones al menos como la madre, de ahí para arriba.
No os digo la razón por la que me voy, por que no tiene nada que ver con vosotros, sólo deciros adiós, y por supuesto podéis hacer a partir de este momento lo que os salga de la punta, por que no seré yo quien diga ni "mu".
Besosssssssssssssssssssssssssss
Sexo explícito
Escudriñando la forma de tus caderas
Advierto el mechón de tu piel
Blanco, estriado, roto de placer,
Y rebuscando entre tus pliegues
Encuentro el nido revuelto de tus pelos
Pegajosos, lechosos, con sabor
A mi sudor y a mi piel.
Mientras cantábamos el himno del triunfo
Del renacer de la carne, después de la perdición,
Nuestros cuerpos sudaban estertores de jubilo
Y de pasión, de sueños alcanzados en blanco y negro.
Contraste de la oscuridad del agujero del culo
Y del cipote en ristre ardiendo en la luz...
Buscando la frescura en la cueva más dulce
Y acogedora que jamás pudo imaginar.
Y así empezó todo, con quítame la falda que me estorba
Con no apartes tus manos de mi raja, que te mato
Me pones cachondo y morcillón
Estoy chorreando por un buen apretón
Qué te parece si nos vamos
Pues a qué esperamos, marchémonos.
Ya en el coche la impaciencia nos lanzó
A mi boca contra tu polla, sangrando licores
Y mi lengua alcohólica recogiendo las gotas.
Tus manos en mis tetas, mis pezones pidiendo guerra.
El calor nos alcanzó en plena libación
Buscando rincones frescos, tu boca en mi coño se pegó.
Solos, con la única compañía del cantar de los grillos
Ni estrellas ni luna, y si las había estaban allá...
Donde nuestros ojos no alcanzaban,
Enredados como estaban en pelos y otras zarandajas.
Chorreando sudor, saliva, y fluidos desatados
Mi sexo escupía en tu bigote zafado,
Oh! Cómo deseé que el clítoris se me hiciese grande
Que se ensanchara y creciese hasta llegar a tu garganta.
En un sesenta y nueve interminable, apagamos la sed
Y bebimos líquidos calientes, a borbotones. Sabrosos
Brebajes preparados al instante, sin conocernos
Amándonos como salvajes, rompiendo cremalleras
Vestidos , pantalones y falsos encajes, buscando el falo,
La almeja brillante, una ostra parecía de moco colgante
Qué calentón! Que la noche entera duró
Y la mañana siguiente escudriñando en tu cuerpo me pilló
Advierto el mechón de tu piel
Blanco, estriado, roto de placer,
Y rebuscando entre tus pliegues
Encuentro el nido revuelto de tus pelos
Pegajosos, lechosos, con sabor
A mi sudor y a mi piel.
Mientras cantábamos el himno del triunfo
Del renacer de la carne, después de la perdición,
Nuestros cuerpos sudaban estertores de jubilo
Y de pasión, de sueños alcanzados en blanco y negro.
Contraste de la oscuridad del agujero del culo
Y del cipote en ristre ardiendo en la luz...
Buscando la frescura en la cueva más dulce
Y acogedora que jamás pudo imaginar.
Y así empezó todo, con quítame la falda que me estorba
Con no apartes tus manos de mi raja, que te mato
Me pones cachondo y morcillón
Estoy chorreando por un buen apretón
Qué te parece si nos vamos
Pues a qué esperamos, marchémonos.
Ya en el coche la impaciencia nos lanzó
A mi boca contra tu polla, sangrando licores
Y mi lengua alcohólica recogiendo las gotas.
Tus manos en mis tetas, mis pezones pidiendo guerra.
El calor nos alcanzó en plena libación
Buscando rincones frescos, tu boca en mi coño se pegó.
Solos, con la única compañía del cantar de los grillos
Ni estrellas ni luna, y si las había estaban allá...
Donde nuestros ojos no alcanzaban,
Enredados como estaban en pelos y otras zarandajas.
Chorreando sudor, saliva, y fluidos desatados
Mi sexo escupía en tu bigote zafado,
Oh! Cómo deseé que el clítoris se me hiciese grande
Que se ensanchara y creciese hasta llegar a tu garganta.
En un sesenta y nueve interminable, apagamos la sed
Y bebimos líquidos calientes, a borbotones. Sabrosos
Brebajes preparados al instante, sin conocernos
Amándonos como salvajes, rompiendo cremalleras
Vestidos , pantalones y falsos encajes, buscando el falo,
La almeja brillante, una ostra parecía de moco colgante
Qué calentón! Que la noche entera duró
Y la mañana siguiente escudriñando en tu cuerpo me pilló
¿¿Erotismo?? ¡¡Amor!!
Cordeles, cilicios; sumisión. Dolor, placer; consagración. Tortura, éxtasis; enajenación. Martillos, dedos; revelación. Cadencia, música; exaltación. Sudar, sangre; crucifixión.
Palabras... Palabras que contemplan el renacer de la piel a manos del deseo... Un deseo desorbitado, amañado, manipulado, sobrevalorado pero sobre todo despiadado. Una eterna guerra desesperada, por poseer y ser poseídos... ¿Soñamos o arañamos la verdad?
Cuerpos desnudos, excitados, orgía de manos, piernas y sexos enfebrecidos. Contorsiones extrañas, caricias cuasi oníricas, despertares enjaulados víctimas de la deflagración de la concupiscencia salvaje pero únicamente humana.
Erotismo o sexo brutal, es indiferente, una vez suena la trompeta, todos los combatientes acuden a la cita, enardecidos, dispuestos a dar hasta la última gota de sus fluidos corporales, lamiendo y relamiendo, recogiendo esencias esenciales, que alimentan y fagocitan nuestra alucinación sensorial; dedos, penes, coños peludos y rasurados, tetas, culos, semen volando, lenguas avariciosas y cazadoras al aire de todo lo que vuela.
Saliva, calor, obsesión, carne a kilos remozada en lascivia... Aquelarre sin fin, aullidos de placer, susurros de dolor, respiración entrecortada, jadeos y gritos exigiendo más y más duro, y más adentro, y más deprisa, la locura impera.... Sexos abultados, doloridos, escocidos, sangrantes pidiendo, suspirando , suplicando, un pedacito de.... a m o r.
¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿AMOR??????!!!!!!
¡¡¡¡NO!!!!
La orgía calló, todo se derrumbó, apareció la venganza, la posesión insana, los celos, y ya nada fue igual; la pasión se volvió criminal. El goce murió: R.I.P. El sexo se volvió sucio y el deseo privado a una sola habitación, a un solo cuerpo, a una locura intransferible. El erotismo se refugió en la mente del soñador, dedecimonónico romántico.
La verdad se escondió, para dar paso a la mentira, a la traición y yo sigo preguntándome:
¿¿¿Arriba el sexo???
¿¿¿Abajo el amor???
¿¿¿Qué fue primero???
Después de pensar, creo que no hay color, desde que el amor apareció, sólo ha habido destrucción, me refiero a un amor que implique una relación de pareja, que es lo más habitual.
Texto presentado al concurso: "La mueca del Pícaro"
¿Qué pasaría si...?
Yo no puedo decir qué pasaría si..., ¡no! Yo puedo decir lo que pasó en realidad.
(Una mujer aparece de la nada y pregunta a un público inexistente: ¿qué pasaría si a tu mujer le privan del chocolate?)
-¡Ahí está! ¡Muy bien! Esa es la pregunta clave. Muchas gracias señorita.
(La mujer desaparece tal cual apareció)
-¡Qué buena es la tía! Ni un asomo de ironía en su rictus. Me ha dejado maravillado señores. Pero..., empecemos por el principio. ¡Ya!.. ¡El principio!... Como si fuese tan fácil...
Todo empezó con aquel concurso de televisión, bueno no, ese no fue el principio...¡Claro que no!.
El principio de todo es una mujer, siempre es una mujer,..., en este caso la mía, adicta al chocolate como ninguna.
Desesperado por su actitud accedí a que concursase . Mi error, sin embargo no fue ese, no, mi error fue comunicar a bombo y platillo a toda la familia el feliz acontecimiento: -Leandra se ha apuntado a ¡Nada es Imposible! Va a dejar, por fin, su adicción al chocolate.
Y qué contento estaba yo, y ella también, aunque algo asustada.
La reacción de la familia fue la de que nadie daba crédito a mis palabras, ni a sus intenciones, es más, se echaron a reír.
-Nada es imposible, excepto que mi hermana deje el chocolate. Acéptalo cuñado, “my sister” es la excepción que cumple la regla.
Las risas se convirtieron en carcajadas así como los nervios de Leandra en lágrimas, lo cual me puso furioso.
-Vosotros reíros. Apuesto todo lo que tengo a que lo consigue.
Así fue como Leandra, yo y toda su familia entramos en el reality show de Canal 23.
La entrada fue conmovedora, mi esposa lloraba a moco tendido, pero en cuanto escuchó su nombre voló por aquella alfombra roja que la llevaría a la fama más arrolladora y aplastante jamás conocida, tanto es así que yo me quedé boquiabierto y con el pañuelo lleno de mocos en la mano, mientras ella se deshacía en besos y saludos a diestro y siniestro.
Durante toda una semana completa no se filtró ni una sola imagen del interior de la mansión, tal y como estaba indicado en el contrato que firmamos.
Al domingo siguiente, día de la gala inaugural en plató del programa, acudí acompañado de mis suegros. Estábamos expectantes por saber qué había ocurrido. Presentaron a todos los concursantes uno por uno, menos a Leandra. Ya andaba yo presto a protestar cuando la presentadora excusó la presencia de mi mujer debido a trastornos pasajeros provocados por la abstinencia al chocolate.
No obstante nos tranquilizaron con la promesa de que en el transcurso de la noche nos retransmitirían imágenes de Leandra y de su paso por la casa en esa semana. Pasadas las once y media de la noche dieron paso a las susodichas.
El lunes fue un día casi idílico, entre las presentaciones, acomodarse al lugar y los nervios de las cámaras no ocurrió nada digno de señalar, pero a partir de ese día...
La noche del martes, una voz sin duda malintencionada, mientras dormía plácidamente repetía la palabra chocolate; chocolate con churros, con galletas, palmeras de chocolate,..., chocolate y más chocolate de todos los tamaños, formas y sabores. Una auténtica pesadilla.
Nada más levantarse fue como una flecha a la nevera, no encontró lo que buscaba, registró uno por uno todos los cajones y armarios, las alacenas, los rincones, y nada, no había ni rastro de chocolate, ni siquiera de un sucedáneo. ¡Nada!
De repente se puso a hiperventilar, a patear muebles, a arrancarse el pelo a puñados gritando, llorando... Entonces la voz volvió al ataque.
Yo miraba de reojo a la presentadora, esa que tan bien lo ha hecho al principio de esta historia, la voz seguía nombrando chocolates sin parar. Tanto es así que parecía que yo mismo estuviese loco oyendo voces en mi cerebro. Intenté taparme los oídos, cubrir mi cabeza entre las rodillas, pero no dio resultado.
Mi mujer enloquecida salió al jardín. Agarró una mesa por las patas diciendo que era una vaca violeta de Milka, le exigía chocolate con leche, estiraba de sus patas, de los picos del mantel que colgaban de ella como si de sus ubres se trataran. Aquella vaca no daba nada. Se tumbó en el suelo agotada para poco después continuar con la misma canción, cada vez con más rabia, hasta que cayó desmayada.
No pude ver más. Oí que el público se desternillaba de la risa, incluso una mujer se orinó encima y fue captada en el momento por las cámaras. De Leandra ya no supe nada; mis suegros se abalanzaron contra mí, golpeándome e insultándome. Animados por el jolgorio hubo gente que se unió a la fiesta de porrazos.
Salí en ambulancia de los estudios de televisión, perdí la apuesta con mi cuñado, y gané una demanda de divorcio y una maleta con mis enseres personales en la habitación del hospital después de 15 días en la UCI.
Sus padres me han interpuesto una demanda judicial por conducirla de forma premeditada a la locura y por los agravios sobrevenidos del escarnio público sufrido por ella y por toda su familia.
A través de conocidos y amigos he podido averiguar que mi futura ex-mujer permanece ingresada en un psiquiátrico intentando ordeñar vacas lilas. También me dijeron que los de la tele explotaron al máximo la paranoia de Leandra pues en la misma gala se vio como le tiraron una boñiga de vaca en la cara y ella se relamía de gusto al comérsela diciéndole a la mesa: ¿Ves, a qué no era tan difícil? Natillas de chocolate..., mmmmmmm ¡Riquísimas!
La cara del triunfo
Ya no pudo soportarlo por más tiempo, su voz se quebró en un aullido invisible en el espacio.
La cara de aquel cobarde, al que se le caía la baba por el esfuerzo, no la olvidará jamás, ni su cara ni muchas otras cosas más, pero esa expresión de triunfo fue lo que le heló el corazón.
Años y más años cayeron encima de aquel recuerdo amargo y por más tiempo que pasaba no perdía intensidad. El dolor se abría paso entre las llagas de su piel, que quedó para siempre mancillada y ultrajada.
Sólo tenía 11 años, y no se lo merecía, no, ni él ni nadie, pero la suerte esa tarde no estuvo de su parte.
Mosén Santos estaba de guardia. D. Álvaro, se puso repentinamente enfermo y no hubo tiempo para hacer nada más. A veces piensa que todo estaba premeditado, que su repentino malestar fue urdido por Mosén.
Ya había notado antes sus insidiosas miradas, su extraña forma de echarle las manos a los hombros para acabar acariciando el brazo entero, deteniéndose con descuido en sus pequeños y delgados dedos.
Algo de su actitud tan excesivamente cordial le impulsaba a tenerle miedo y también le inspiraba una profunda náusea hacia su persona aunque no lograba adivinar el motivo. Su condescendencia se acabó aquella tarde.
—Pablo Castro, haga el favor de pasar al finalizar las clases por mi despacho —su voz excesivamente aflautada provocó una risa mal disimulada en mi rostro—. No se reirá tanto cuando hayamos acabado eso se lo aseguro jovencito —terminó la frase en un tono lascivo que le puso el vello de punta.
Al sonar la campana su amigo Ismael le recordó que debía acudir a la cita. Él estaba más preocupado que Pablo, más que preocupado su estado era visiblemente alterado.
—No te va a gustar Pablo —le dijo con una voz casi inaudible
—¿Por qué dices eso Ismael?
Él bajó la cabeza hundiéndola en su pecho, con la cara colorada, pero no contestó nada. Al poco posó la mano en el hombro de su amigo y le dijo:—Anda será mejor que no lo hagas esperar. Luego si puedes me lo cuentas— dejando rodar una minúscula lágrima por su mejilla que se secó con la manga del jersey.
Mosén le estaba esperando, en su cara se dibujaba una sonrisa extraña, y su forma de mirarle como si lo vigilara, hizo que Pablo se ruborizase.
—Anda hijo, cierra la puerta. Esto ha de quedar entre nosotros, nadie tiene por que enterarse. ¿Me entiendes?
El muchacho cerró la puerta sosteniéndole la mirada sin contestar. Aquella arrogancia fuera de lugar le avivó el instinto a Mosén que estaba dispuesto a hacérsela pagar cara. No había mucho tiempo que perder, en menos de una hora tocarían a rosario y debía acudir con los demás padres a rezarlo.
No le hizo falta mucho más.
Pablo salió demudado por completo, arrastrando los pies, el rostro inundado de lágrimas, pero lo peor no se veía, el verdadero dolor nadie lo vería, estaba a salvo de miradas furtivas o curiosas, pero la marca a fuego nunca se le borró. La imagen de la cara de triunfo le acompañaría toda su vida.
Ismael intentó hablar con él, pero Pablo quedó mudo durante semanas.
—Pablo, te dije que no te gustaría. A mí tampoco me gusta cuando me llama, aunque últimamente parece que requiere menos de mis servicios —esta última palabra presentaba un tono revelador para ambos niños—. Lleva dos años haciéndome esas cosas, ya ni siquiera me duele, pero cuando salgo de allí me pego dos días vomitando.
—¡Calla! No sigas por favor Ismael, no quiero escuchar nada más. Además a mí no me hace nada de eso.
—Cuanto antes lo asimiles, antes lo olvidarás. Créeme Pablo, yo ya no le odio, me da pena
—A mí asco Ismael, me doy asco yo, y… —no pudo continuar, la rabia se le anudó en el estómago para acabar por cerrarle la garganta—. Juro que me vengaré de él cuando sea mayor, cuando entonces él sea un anciano y nada pueda hacer por defenderse.
—Olvídalo, es mejor. La venganza te hará más daño. Lo sé
—¿Por qué lo sabes todo?
—Por que mi hermano se suicidó hace tres años, dos años después de salir de aquí. La venganza le corroyó la vida… por favor, hazme caso.
Treinta y nueve años es ya una edad para que el olvido llegue, pero Pablo no sabe que significa esa palabra. Deambula por las calles oscuras, con la cara semicubierta por la oscuridad. En su rostro no se define sentimiento alguno, tiene cara de repoker, y la seguridad de llevar todos los ases de la baraja en la manga.
Son muchos años de experiencia. Nada escapa a su mirada escrutadora. Antes gustaba pasear por los alrededores del patio del colegio de los padres escolapios, donde Mosén…
Lejos de llevar a cabo su venganza, entre otros motivos por que Mosén murió antes de que él hubiese podido hacerle nada de unas extrañas fiebres, Pablo se dedica a recoger niños de las calles. Algunos de ellos son golfillos, otros niños huérfanos y abandonados, de esos que están en todas las grandes ciudades pero que nadie conoce.
Muchas son las noches en que ese grito desgarrador se reproduce y esa cara de triunfo se dibuja a altas horas de la madrugada, y cuando eso sucede Pablo mira hacia el cielo y dice:
—Gracias Mosén, por enseñarme la cara del triunfo.
¿Deseo conseguido?
Se sentía sola, sentada en el sofá, frente a un televisor que emitía para una audiencia ausente.
Las cazuelas mientras tanto, en el fregadero esperaban pacientes cargadas con las sobras de la batalla diaria, encima de ellas los platos suplicando por unas manos bondadosas que los mondase sin ser estallados.
El polvo hacinado en el mueble del comedor se declaraba ciudadano de pleno derecho en aquella olvidada estancia.
Sin embargo ella ajena a todo seguía sentada, con su pelo enmarañado y la mirada perdida en un techo de un blanco viejo. Estudiaba sin mucho interés las grietas que iban dejando las viguetas del armazón al moverse con el paso del tiempo, eran como las arrugas de su cara, se decía a sí misma, que de pronto se hicieron visibles y palpables.
En su cabeza: una caos, en sus manos: los temblores, y en su pies... Sus pies hinchados, necesitados de unos buenos baños de agua fría, permanecían desparramados, apéndices en su tiempo útiles ahora inservibles por completo.
Fuera, en la calle, la lluvia golpeaba indolente, pero sin ganas, como obligada, todo aquello que se encontraba a su paso. Cuando el ángulo de su mirada incidió sobre los cristales, se anegó de lluvia que se deslizaba por un rostro ajado y gris, el suyo.
Comparábase con un mueble, sí, un mueble más que respiraba por la fuerza de la costumbre. Un mueble que ansiaba ser arrojado por una ventana y al impactar contra el suelo estallar en mil y una astilla. Se autocalificaba de enser desprovisto de voluntad, carcomido y desahuciado, que por el capricho de otro, un hacedor de la salud y controlador de la muerte, debía seguir aguantando una vela que carecía de llama, de luz y de mecha para reavivarlas.
Cada noche, cada mañana, todos los días, todas las horas, contaba los minutos de otras vidas atadas a la suya, perdidos durante 12 años.
12 INTERMINABLES AÑOS POSTRADA EN UNA SILLA DE RUEDAS.
Sentada, cansada de estar sentada, se le vino a la memoria Julio, de anchas y rizadas orejas negras, sus graciosos zapatitos blancos, el lunar de su mejilla y el hocico húmedo y blando. Ya no estaba allí con ella, su hija se lo llevó a la perrera municipal aduciendo que para qué lo quería si no podía hacerse cargo de él, ni sacarlo a pasear, que sólo sería un estorbo y ya bastante tenían encima.
Intentaba suponer que esas eran razones de peso, por lo echaba tanto de menos...
Al hilo de estos recuerdos, entre felices y amargos, se veía a ella, sola en la vida, a su única hija presa de su enfermedad y la muerte que no quería llegar. Se recordaba con nombre y apellidos: Elena Romero Casales; madre soltera, autónoma, luchando contra una sociedad que la rechazaba en esos años duros y pasados. Aparecía en su imaginación apretando los dientes, erguida, un poco echada hacia delante, presentando batalla a la vida, sabiéndose sin apoyos, escondiendo o desterrando sus miedos, dudas y debilidades, empujándola para poder hacerse un hueco.
No dejaba de ser irónico, ella antes empujaba a la vida y ahora a ella para moverla tenía que hacerlo a fuerza de empujones. Ir al aseo se había convertido en un suplicio mayúsculo para ambas, madre e hija, hasta que buscaron ayuda.
Después vinieron las sondas (a Dios gracias decía suspirando),peor llevaba lo de tener que usar pañales para evitar cagarse por todo. Pero lo verdaderamente insoportable era la cara de asco de Rosa, su asistenta personal, aunque ésta lo hacía con todo el amor del mundo, y muchísimo cuidado, no podía reprimir gestos de desagrado y pudor.
Cuando pensaba en Rosa se sentía culpable por esperar la muerte con tanto ahínco, pues gracias a su inoportuna desgracia ella podía mantener a su única hija y hacer frente a los pagos y gastos para poder vivir y salir adelante.
A veces sentía que Rosa era la esperanza, su esperanza. una mujer sola y valiente en estos tiempos difíciles, comparables en muchos aspectos a los suyos... Una mujer que sabía poner una sonrisa a la pena, una frase amable a la agonía, un gesto dulce y cariñoso a los despechos sufridos, siempre con palabras de aliento fresco en su boca.
Y aunque así fuera, aunque sólo por ella todo valía la pena, ella no podía ni quería prolongar por más tiempo su angustiosa y solitaria existencia. Sin embargo, y por esto mismo, tampoco podía pedirle que la ayudase. Tendría que convencer a su hija...
Lo que nunca supo es que Raquel, su única hija lo tenía todo planeado, sólo tuvo que esperar dos semanas más.
Frío tronco o Tronco frío
Solo, intensamente solo, insufriblemente solo.
Nada lo rodea en medio de ese páramo triste y desolado.
Ninguna forma de vida se puede adivinar en el horizonte.
Nada lo rodea en medio de ese páramo triste y desolado.
Ninguna forma de vida se puede adivinar en el horizonte.
Sólo ese instante previo a la ingravidez, a la invisibilidad, se hace patente en su interior lóbrego y leñoso, en el que tanto años, como épocas, etapas y todas esas cosas que ocurren de forma extraordinaria durante una vida dejaron su impronta irrepetiblemente circular.
Tiempo atrás fue el orgullo de un inmenso bosque, frondoso y salvaje, como él mismo.
Para los humanos, llegó a rodearse de un halo misterioso que a su vez ejerció de protección; alguna vez la casualidad les llevó a descansar recostados contra su pié robusto y bien anclado, aunque jamás pudieron volver a encontrarlo. Algunos juraban y perjuraban haberlo visto, tocado, e incluso haber dormido al amparo de él, pero por más que intentaban hallarlo no lo conseguían. Los más lanzados se aventuraron a adentrarse en el bosque perdiéndose para siempre, dando lugar así a una antigua leyenda que pasó de boca en boca, de abuelos a nietos durante varias generaciones. Era una de las historias preferidas por los niños cuando en las frías noches de invierno se sentaban ante la chimenea del hogar junto a sus mayores.
Desconocedor de estas cosas, ahora él se siente terriblemente vulnerable. Ha quedado en pié, lo único que permanece de todo ese mundo real-fantástico que anidaba en la mente de esas pequeñas mentes inquietas. Sí, ha quedado en pié, rodeado de ceniza, a la vista de cualquiera. Piensa que debería permanecer orgulloso pero… ¿ante quién?... No queda nada, ni nadie. Sólo Soledad, esa señora vestida de gris sin matices le acompaña, lo abraza, lo protege y lo mata.
Por absurdo que parezca, le gustaría volver a sentir cómo disfrutaban de su tacto húmedo y musgoso, lo evoca quejosamente; recuerda la luz del sol que jamás alcanzó la tierra que cubría sus raíces, añoró el tacto cálido que lentamente con paciencia y día a día templaba su corazón ya muerto.
Todo a su alrededor es frío, no hay nada más que frío y cenizas.
El fuego asesino arrasó con furia todo lo que encontró a su paso. Él lo veía acercarse, poco a poco lamiendo las hierbas, con aire perezoso… Recordó ese momento, en el que creyó que nada podría contra él, fueron muchos los incendios y los sucesos adversos que a lo largo de su existencia había logrado superar para poco después reponerse..., mas cuando llegó al pié de su tronco, sintió como nunca antes el fuego cerraba sus fauces en él, mordiendo con saña, abrasando su corteza primero para internarse en su tronco varias veces centenario.
Sólo un milagro, tan sólo algo milagroso pudo hacer que no cayera a tierra tras la deflagración tan intensa a la que se vio sometido.
Solo, intensamente solo, insufriblemente solo, en medio de aquel páramo helado, recibió aquel sublime tronco el frío de la muerte abrasadora.
Otro texto que no tuvo nada que hacer en un concurso
-Sólo una cosa, señorita. La radio déjela encendida mientras me quede un soplo de vida – me lo dijo como una súplica.
-No puedo hacerlo, crea interferencias con los demás aparatos. Sólo serán unos días, se lo prometo.
-Usted no lo entiende, deje la radio y llévese sus aparatejos.
No pude convencerlo de ninguna de las maneras posibles. Esperé a que se quedara dormido, para quitársela.
No fue difícil, no se enteró. La radio estaba apagada, pero mantenía las luces encendidas y el dial daba vueltas, era una radio de bolsillo de las de hace mil años. No funcionaba. Sonreí para mis adentros, cuando en realidad experimentaba una profunda lástima.
-No se ría señorita -dijo una anciana que se encontraba en la puerta-. Él ya no me conoce pero recuerda mi voz y la busca incansablemente en la radio. Busca la voz de cuando éramos jóvenes, la que se perdió en el paso del tiempo, la que no volverá, pero a veces en su enfermedad logra sintonizar con ella y sonríe. Su cara se ilumina, y entonces es cuando piensa que ya puede morir en paz, por que mi voz lo acompañará al viaje del más allá.
Aquella confesión que venía de una persona tan menuda como angelical me dejó pensativa.
-Hágale caso, deje la radio donde estaba- me instó cariñosamente.
-¿Usted trabajó en la radio?
-¡Oh, no! Es mucho más sencillo que todo eso. Yo fui su mujer hasta que su memoria me anuló. Por las noches él se quedaba profundamente dormido escuchando la radio, y yo me acurrucaba en su oído y le contaba historias de amor, de nuestro amor. Por eso, él me busca, en su cabeza solo ha quedado la voz que le contaba historias y que lo enamoraba noche tras noche.
-¿Y él nunca se enteró de que era usted la que le hablaba?
-Nunca me dijo nada ni yo a él. Su secreto y el mío quedaron siempre bien guardados.
-No puedo hacerlo, crea interferencias con los demás aparatos. Sólo serán unos días, se lo prometo.
-Usted no lo entiende, deje la radio y llévese sus aparatejos.
No pude convencerlo de ninguna de las maneras posibles. Esperé a que se quedara dormido, para quitársela.
No fue difícil, no se enteró. La radio estaba apagada, pero mantenía las luces encendidas y el dial daba vueltas, era una radio de bolsillo de las de hace mil años. No funcionaba. Sonreí para mis adentros, cuando en realidad experimentaba una profunda lástima.
-No se ría señorita -dijo una anciana que se encontraba en la puerta-. Él ya no me conoce pero recuerda mi voz y la busca incansablemente en la radio. Busca la voz de cuando éramos jóvenes, la que se perdió en el paso del tiempo, la que no volverá, pero a veces en su enfermedad logra sintonizar con ella y sonríe. Su cara se ilumina, y entonces es cuando piensa que ya puede morir en paz, por que mi voz lo acompañará al viaje del más allá.
Aquella confesión que venía de una persona tan menuda como angelical me dejó pensativa.
-Hágale caso, deje la radio donde estaba- me instó cariñosamente.
-¿Usted trabajó en la radio?
-¡Oh, no! Es mucho más sencillo que todo eso. Yo fui su mujer hasta que su memoria me anuló. Por las noches él se quedaba profundamente dormido escuchando la radio, y yo me acurrucaba en su oído y le contaba historias de amor, de nuestro amor. Por eso, él me busca, en su cabeza solo ha quedado la voz que le contaba historias y que lo enamoraba noche tras noche.
-¿Y él nunca se enteró de que era usted la que le hablaba?
-Nunca me dijo nada ni yo a él. Su secreto y el mío quedaron siempre bien guardados.
Mujer (con mayúsculas)
y en su fuego se quemó, en el crepitar de las hojas, en el lamer incesante de las llamas, ella consiguió entender por fin que era una mujer, que iba a ser siempre una mujer... y quiso llorar, maldecir, destruirse y marcharse para siempre de aquella casa.
No supo darse cuenta de que era el alma de la casa, de que la vida de esas cuatro paredes era su risa, o su llanto, o el trueno de su voz enfurecida o el son de su canto entregado en la faena de cada día.
No sabe que ella lo es todo en ese hogar, que si se va, ya nada tendrá sentido, no sabe que no va a encontrar nada en la calle que le de respiro, no entiende que la vida no es sólo la queja muda de la soledad, la vida es buena y mala, los vivos son buenos y malos y ella, ella sólo es una mujer.
Sí, ella se cree una hembra, paridora de la especie humana, sierva del género masculino, esclava de sus propios yugos.
Mujer, levántate, yérguete, mira hacia delante y escucha a tu corazón, no eres menos que nadie, ni más tampoco, no eres un trozo de carne, tienes sentimientos, tienes cerebro,
Mujer, quítate la venda, piensa y actúa, sufre y llora, pero de frente, siempre de frente y con la cabeza bien alta, que nadie ni nada te la agache, por que eres mujer, y sobre todo PERSONA.
No llores, no sucumbas ante tu realidad, explótala, seca tus lágrimas, cierra tus puños y echa a correr hacia el futuro, allí habrá otras mujeres y otros hombres, que te escucharan que te entenderán.
No pernitas mujer que te roben los sueños, no supliques por tus logros, no te avergüences de tus errores no te escondas de tu condición, acelera el paso y grita bien fuerte: SOY MUJER.
No envidies a la que no trabaja si tú trabajas, ni a la que trabaja si tú no lo haces, la mujer, y el hombre; LAS PERSONAS, todas son útiles, todas son necesarias, todas son iguales.
Criar a los hijos no es una desdicha, asumir su educación no es un castigo, mantener un mínimo de limpieza en tu hogar no es servidumbre, no equivoques los términos, no seas una victima, tú tienes tu papel en esta sociedad, quizá el más importante, ayudar a conocer y valorar el mundo a los jóvenes.
Si trabajas, y no puedes con todo, no te deprimas, busca soluciones, busca ayuda y sobre todo pídela, no te quedes con la queja en la boca y las manos vacías, elige tu rumbo y se consecuente, y sobre todo se MUJER.
NADIE ES MEJOR QUE NADIE, NINGUN HOMBRE ES MAS QUE CUALQUIER MUJER, Y NINGUNA MUJER ESTA POR DEBAJO DE ÉL, PERO TAMPOCO POR ENCIMA, LAS PERSONAS SOMOS TODAS, SEAMOS DEL GÉNERO QUE SEAMOS, IGUALES.
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