martes, 10 de agosto de 2010

anidando versos

Así me encuentro yo, anidando versos en un cajón vacío, hecho de restos de arcilla seca y paja mojada, un cajón sin asidero, sin tablas, sin cajón, un cajón de ilusión que es el portaequipajes de mis sueños, un cajón que no es nada.

Nunca supe hilar versos, ni con gracia ni con arte ni sin ellos tampoco, siempre me dediqué a compartir mis aventuras, plagios de las ideas que devoran mi cabeza, que obligan a mis neuronas a reunirse en un pequeño habitáculo para no ser forzadas a transmitir más locuras, y sin embargo sé que tengo alma de poeta,..., un poeta herido portando un saco lleno de miserias recogidas en las aceras de los suburbios de una ciudad fantasma.

Relleno de argamasa de sentimientos encontrados los muros de mi casa, que me protegen a mí y a mi cajón, ese de los versos deshuesados y puestos al sol, ese cajón que vale toda mi vida y que no podrás ver jamás, ni muerta yo ni en vida,... Tras los muros de mi casa se encuentra el vacío, me encuentro yo, pensando que quiero ser y no soy que necesito ser y no puedo, que soy y no existo.

Si quieres verme habrá de ser con los ojos cerrados, y las manos atadas a la espalda, con la mente en blanco y las tripas afuera, esa la única forma de hacerlo, por eso me diluyo en la espuma del mar y me arrastra el viento y se lleva conmigo mi humilde hogar y mi cajón desastre de amor y sol en la tarde de verano, de sopor y gaviotas, y en el invierno me lleno, nos llenamos, del calor de las virutas de la paja que arde entre versos que allí anidan, y la luz de sus llamas alumbra y da cobijo a mi alma.



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